Archivo mensual: mayo 2012

Desmontando a “The Kinks”

Image

Hoy, es decir, cuando estaba escribiendo esta incalificable sucesión de sandeces, me encuentro desvelado a altas horas de la madrugada, y me ha dado por escuchar el recopilatorio que tengo de los Kinks. Haciendo una pausa en mi sesión de observación celestial en total simbiosis con la música, se me ha antojado coger la caja del disco en cuestión y perder unos minutos de incalculable valor, que podría dedicar a emprender una estrategia brillante y genial para sacar a este país del pozo, en analizar la composición de la instantánea. Nada de hacer estimaciones acerca del ISO utilizado en la misma, si fue realizada con filtro polarizador o si las condiciones meteorológicas eran las adecuadas. No, simplemente me he limitado a observar las caras de los protagonistas. Y aquí comienza mi recreación:

Los Kinks, en la primavera del 67, en pleno cénit tanto de su carrera como del LSD, decidieron que ya eran lo suficientemente importantes dentro del mundo de la música como para permitirse el lujo de pegarse el gustazo de hacerse un “book” de fotos para su siguiente álbum, pongamos que por iniciativa del vocalista. Tras contratar a un fotógrafo con cierto caché, tuvieron a bien elegir como localización de las fotos el rancho que el tío del batería tenía en Essex. A la cita todos acudieron hechos un pincel, e incluso uno de ellos se compró un jerséi azul celeste de cachemir que le había costado un ojo de la cara. Se hicieron muchas fotos. Muchísimas, me atrevería a decir. Y sólo cogieron una, porque un disco sólo tiene una portada.

Podrían haber acordado coger una en la que todos salieran decentemente, pero no fue así. Bien es cierto que tres de ellos salen muy guapetes, y que presentando esa imagen se podrían camelar a cualquier chiquilla hermosa. Pero hay uno de ellos, sobra decir cuál, al que le salió mal la jugada, y que, más que un rockero, parece un tarado resacoso a quien le tienen que tocar el hombro para que se entere de que le están haciendo una foto. Evidentemente, el zagal se pilló un rebote con sus amigos (en ese momento no creo que los definiera así) de aquí te espero. Pero un día, aún afligido por el perjuicio mediático que le supondría tan desafortunada pose, el muchacho pensó: “Qué diablos, ¡si lo que importa en un disco es la música!”. Y sacaron más discos, y tuvieron más discusiones y bebieron más Guinness.

Deja un comentario

Archivado bajo En liquidación